Germán Arciniegas escribió que después del Cristianismo nada produjo un cambio tan radical en el pensamiento europeo como la presencia de América. Hasta el día anterior de la revelación del nuevo continente el mundo podía ser considerado una obra de Dios, pero permanecía incompleta. El universo conocido terminaba en las columnas de Hércules y más allá se abría un territorio de fábula, mito y magia.

Largamente presentida desde los tiempos de Platón, América emerge en esa zona de enigmas como un relato fantástico de poder, saber y aventura que vino a enfrentar a Europa con el misterio del otro.

Deseada y temida, hubo de ser imaginada y ocupada, pero sobre todo representada. Y en ese proceso que estructuró la representación, Europa quedó fascinada, como Narciso, con su propia imagen reflejada.

Inés Fontenla, imagina ese encuentro especular a través de los mapas. Pero además deconstruye el proceso de figuración del nuevo mundo en un viaje que ella misma hace por los archivos del Vaticano y las bibliotecas genovesas y florentinas. El resultado es una obra, que desentraña esa compleja operación conceptual de representación del territorio real que es la escritura cartográfica.

La relación de una imagen con la realidad es siempre un proceso de codificación, un modo de fijar el conocimiento de las cosas. La artista se interroga por los modos de figurar el espacio que habitamos y lo sigue pacientemente a través de los siglos. Desde los mapas de Eratostene, en el siglo I y II antes de Cristo, a la Cosmogrophia Universalis de Munster en el siglo XVI, su travesía que no por casualidad elige el azul ultramar, la lleva al encuentro con el Nuevo Mundo y la representación que de el hace Europa.

Nacida en América y habitante actual del Viejo Mundo, Inés Fontenla realiza así un viaje hacia el interior de su propia historia que cabalga entre una y otra geografía. En ese recorrido se cruzan el pensamiento lógico y mítico, las lenguas española e indígena y los mapas europeos con los códices americanos. Acaso por eso su obra incorpora textos del Chilan Balam, crónicas y rituales de la tradición maya traducidos a la forma y la escritura europea, que emergen como símbolos de ese encuentro de culturas.

Así la artista se interesa particularmente en los sistemas de representación y se detiene en lo que revelan su organización interna y sus puntos de vista.

Quien fija la ubicación del centro y quien la periferia? Su itinerario cartográfico nos demuestra que casi siempre la representación de la geografía coincide con la representación del poder. Así mientras el Mediterráneo fue el centro del universo en el siglo II, la Europa de norte comenzó a serlo desde el siglo XV. Argentina, en tanto, nos produce una pertinaz sensación de estar fuera de los mapas. La notación del mundo es sobre todo una construcción mental que poco tiene que ver con el objeto de referencia.

La obra de Inés Fontenla insiste sobre este principio en un rastreo del pasado que ilumina nuestro presente. Sus mapas se desplazan en un desarraigo de territorialidad que es el desarraigo actual de los hombres y las cosas. En su obra hasta la noción de viaje, aquella que alimentaba la sed de aventura, fascinación y miedo frente a lo desconocido aparece modificada. Somos ciudadanos de un mundo cada vez menos diverso, que cruza diariamente y sin temor, las columnas de Hércules, pero ha perdido la brújula en los territorios del mito y la fábula.

Ana Maria Battistozzi

 

 

 

Travesía

Inés Fontenla sueňa en Roma

En la ciudad vaciada entre colinas,

Suspendida en el tiempo, entreteje maňanas y crepuscúlos,

Los rumbos inexactos que traza la vigilia,

el pulso enceguecido del silencio.

Apenas si retiene visiones entrevista,

quieta fiebre latente.

 

Interpreta los mapas que llevaron

Hacia el sol que se esconde

-quizas hacia el desastre-

a aquellos argonautas,

esos que trasparon las columnas

sin regreso posible.

Ellla rastrea sus ecos apagados,

Se hunde en el azul de los abismos.

Y ahora alumbra sus cartas.

Calcula cordilleras abismales

Y selvas que devoran cualquier canto.

Dibuja ríos inmóviles.

Vela costelaciones.
Dormida en Rom,

Inés remonta el viaje hacia la noche

Que nunca ha abandonado.

Alberto Petrina

Septiembre de 1998


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